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el árbol infinito de las palabras

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Coincidencias y pasos

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I (VII-2001)

Nos une el mar, la tierra nos separa.
La distancia nos hace compañeros.
No olvidaré su voz ni los primeros
momentos que forjamos.


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Historia en común, y disidente

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I (VII-2001)

Somos quizá lo mismo: rostros vanos
de una historia en común, algunas calles
que aún camina el recuerdo, los detalles
que hoy son monumentos,


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Si fuera preciso recordarte...

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Si fuera preciso recordarte

Volvería junto al mar, donde las olas murmuraban tu amor con un lenguaje de espuma sobre arena

Regresaría a la ciudad de nuestro primer encuentro, a besarte con sed de náufrago y a tocarte con el hambre del condenado a muerte en su cena final



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Preguntas y apuestas

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I (IV-2002)

Sin más piel que la piel, sin más coartada
que sabernos amantes y amorosos,
sin otra condición que estar deseosos
de jugar el amor a doble o nada…


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25. De escritores y alas

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¿En realidad soy escritor? ¿Soy ese animal capaz de arrancarse las palabras del pecho y dejarlas aún palpitantes bajo la mirada de otros? He derivado por las letras con un amor tan gozoso como el más intenso espasmo de placer, pero también con la pasión con la cual las navajas bailan sobre la piel de los adolescentes. Y a veces el amor no basta, y la pasión se convierte en un pozo profundo, acechante, negro.

Me hablan de la inspiración, me cuentan de los gloriosos encuentros con una expresión feliz, quizá certera, sin duda adecuada; me señalan los nombres de las cosas como quien dice "pájaro" y escucha un batir de alas.

¿Qué es eso: la inspiración? ¿No es el mensaje por el que uno aguarda, inútilmente, algunas noches? ¿No es la esperanza absurda por una redención que nunca llegará, y tal vez nunca hemos merecido? ¿No es la llamada donde uno esperaba palabras distintas a las que escucha, donde al hablar de amor se extiende, hiriente, la distancia? ¿Y qué es una expresión feliz cuando el aire no sirve sino para llenarse los pulmones? ¿Qué certeza hay en decir que la soledad es larga y agobiante, y que el horizonte es una inmensa esterilidad de horas por consumir al ritmo de un reloj en la oficina?

Y sin embargo, llego a escuchar ese batir de alas, sin adivinar si son las aves que ha traído la primavera, o hay buitres con hambre, y aguardan.



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24. De sueños y sábanas

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No siempre, pero cada vez que duermo solo, su aroma entre las sábanas le devuelve a mis sueños su figura: desnuda y trémula, inquieta y seductora; la noche entona un rumor de oleaje y el tacto se ahoga en recuerdos de humedad y espuma, y la brisa cobra una fragancia de transpiración, casi dulce, ganada en largas batallas entre la consumación y el deseo.

No siempre, pero es casi un ritual de cada noche, me abrazo a la almohada que hizo suya en otro tiempo y conserva, al menos en mi esperanza, algún vestigio de cuando ella soñaba a mi lado. Duermo para soñar con ella, y sueño para acortar las horas que la conduzcan de nuevo hasta mis brazos.

Pero siempre, siempre, al despertar, vuelvo a las sábanas, en realidad o sueños, para recuperar de algún modo la tibieza de su cuerpo y tener la fuerza para enfrentar el día cobijado por el recuerdo de sus labios.


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Sabores y olores

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I (II-2002)

Por este sinsabor de andar desnudo
recordando tu cuerpo en las mañanas,
por soñar con tu piel y las ventanas
cobijadas de niebla, por el nudo
que hicimos de nosotros algún día
cuando afuera llovía dulcemente,


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23. De noches y premoniciones

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No sé cuándo ni bajo cuál cielo inmisericorde, pero ha de llegar nuestra redención y nuestro día. Antes, cuando atisbaba la voluntad de Dios entre los astros, creía reconocer en esa caligrafía cintilante algo parecido a la esperanza y, sobre su trasfondo obscuro, una transparencia que bauticé con el nombre de “certeza”. Ahora algunas noches son un paisaje mudo y la fe tiembla entre las copas de árboles mientras el viento silba una melodía nostálgica.

No sé por qué, pero sé que cobijado por tus brazos encontraré algo parecido a la tranquilidad, y por los cauces más suaves y placenteros de tu cuerpo, navegaré todavía incontables horas de sensualidad y sueños. Y sin embargo el humo se cierne sobre nosotros, más que de vez en cuando, y las tormentas no dejan de amenazar nuestras costas mientras el fuego ilumina, con una tierna claridad, todavía muchas de nuestras noches.

No sé cómo, pero habré de quemar mis naves y construiré un jardín donde no tenga cabida otra pasión que la pasión, ni otra piel que la piel compartida en la desnudez carente de coartadas o prejuicios, mientras las estrellas recuperan, con lentitud, su lenguaje de premoniciones, bajo el manto nuevamente protector de cada noche. Y la luz más brillante llevará tu nombre.


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