Roberto te parecía un muchacho tímido, se inscribió a dibujo ahí en la Casa del Lago desde el día que te vio en clase de danza contemporánea. Sabías que estaba enamorado "platónicamente" de ti, pero se enteró de que eras mayor y por eso se sentía obligado a justificar el tiempo perdido en mirarte simulando hacer bocetos de todas ustedes. Un día decidiste seguirle el juego:
— Oye, ¿qué dibujas? ¿Esa es Lorena? Así se llama la de los mallones azul clarito. ¿No te cuesta mucho trabajo hacer los, ¿cómo dijiste?, esbozos, mientras nos estamos moviendo? ¿No preferirías que alguna de nosotras posara o algo así? Si quieres le puedo decir a Lorena o a Karina, la que está junto a Lorena, de camiseta blanca y pants grises, o... si te da pena que les diga, yo puedo posar para ti. Lo importante es que practiques y no la chava ¿no?
Leer más...
— Oye, ¿qué dibujas? ¿Esa es Lorena? Así se llama la de los mallones azul clarito. ¿No te cuesta mucho trabajo hacer los, ¿cómo dijiste?, esbozos, mientras nos estamos moviendo? ¿No preferirías que alguna de nosotras posara o algo así? Si quieres le puedo decir a Lorena o a Karina, la que está junto a Lorena, de camiseta blanca y pants grises, o... si te da pena que les diga, yo puedo posar para ti. Lo importante es que practiques y no la chava ¿no?




















